Redacción EntreMes | publicidadentremes@gmail.com
Antes de que salga el sol, Deisi Velásquez, María Soto y Julia Soto ya están caminando entre los cafetales. Con botas de caucho, azadón en mano y el aroma de la tierra húmeda, comienza una rutina que se repite todos los días y que hoy les permite llevar a la mesa de cientos de panameños un café artesanal cultivado con dedicación y paciencia.
En las montañas de Capira, estas tres mujeres han encontrado en el café mucho más que un cultivo. Lo han convertido en una herramienta para sacar adelante a sus familias y demostrar que el trabajo en el campo también puede abrir puertas a nuevos mercados.
Cada grano pasa por un proceso completamente artesanal. Después de la cosecha, el café se seca, se selecciona cuidadosamente y se tuesta lentamente en paila sobre un fogón de leña, una técnica tradicional que conserva el aroma y el sabor característicos del café de bajura. Posteriormente se muele y se empaca para su venta.
La producción también apuesta por prácticas amigables con el ambiente. En lugar de utilizar fertilizantes químicos, las caficultoras elaboran su propio abono orgánico con pulpa de café, estiércol y residuos vegetales, enriqueciendo el suelo y fortaleciendo los cafetales de forma natural.
Las tres productoras forman parte de las Redes Territoriales del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), un acompañamiento que les ha permitido fortalecer sus conocimientos, mejorar sus procesos de producción y darle mayor valor a sus emprendimientos.
El resultado de ese esfuerzo ya se refleja en sus comunidades, donde sus cafés artesanales han comenzado a ganar clientes. Cada media libra se comercializa a B/.3.50, un precio que les permite generar ingresos para sus hogares y continuar desarrollando su producción.
Con orgullo muestran los paquetes de café que llevan sus marcas, convencidas de que detrás de cada bolsa hay una historia de trabajo, perseverancia y amor por la tierra.


