Redacción EntreMes | Publicidadentremes@gmail.com
La Universidad Tecnológica de Panamá (UTP) presentó un informe técnico sobre el comportamiento sísmico del terremoto registrado el pasado 9 de octubre de 2026, en el que destacó la importancia de evaluar la vulnerabilidad de las edificaciones, fortalecer las normas de construcción y promover una mayor cultura de prevención en el país.
El análisis fue presentado durante una conferencia de prensa encabezada por la rectora de la UTP, doctora Ángela Laguna Caicedo, en el Campus Central Dr. Víctor Levi Sasso, con la participación de ingenieros especializados que explicaron los principales hallazgos y las lecciones que deja el evento.
Estaciones sísmicas registraron aceleraciones elevadas
El ingeniero Carlos González, coordinador del Programa de Instrumentación Sísmica (PINS), explicó que la universidad cuenta con una red de 10 estaciones acelerográficas distribuidas estratégicamente en sus centros regionales.
De acuerdo con los datos expuestos, las tres estaciones más cercanas al epicentro, dentro de un radio de 50 kilómetros, registraron una aceleración de hasta 0.57 g, un valor equivalente al 57 % de la aceleración de la gravedad y considerado elevado en el análisis presentado.
Las estaciones de Veraguas, Los Santos y Aguadulce también registraron niveles importantes de energía sísmica. En contraste, en zonas más alejadas, como la ciudad de Panamá, se observó una disminución de la aceleración y de la energía registrada debido a la distancia y a la atenuación de las ondas sísmicas.
Estos registros permiten comprender mejor cómo se propagó el movimiento y qué condiciones pudieron contribuir a los daños observados en las áreas más próximas al epicentro.
Viviendas vulnerables sufrieron los daños más severos
Durante la presentación, el ingeniero Ramiro Vargas explicó que los daños más importantes se concentraron en zonas cercanas al epicentro, donde coincidieron una elevada amenaza sísmica y condiciones de vulnerabilidad en determinadas construcciones.
Entre las estructuras afectadas se encuentran viviendas tradicionales de quincha, en las que se reportaron colapsos de paredes de barro y daños asociados al peso de los techos de tejas y a la falta de elementos adecuados de arriostramiento.
En las edificaciones construidas con bloques, los especialistas identificaron problemas relacionados con la autoconstrucción sin confinamiento estructural ni refuerzos suficientes, como columnas y vigas. Estas deficiencias pueden favorecer la aparición de grietas diagonales, el desprendimiento de paredes y la caída de elementos de cielorraso.
También se reportaron afectaciones en edificios antiguos e iglesias coloniales construidas con calicanto, particularmente en campanarios de localidades como La Villa, Penonomé y Olá, cuyas características de rigidez y peso pueden aumentar su vulnerabilidad ante movimientos sísmicos.
¿Están preparados los edificios de la ciudad de Panamá?
Uno de los puntos abordados durante la conferencia fue la influencia de las condiciones del suelo en el comportamiento de las edificaciones.
El ingeniero Oscar Ramírez explicó que las ondas sísmicas pueden amplificarse al atravesar determinados tipos de suelo. Por ello, las condiciones geológicas de sectores de la capital, desde zonas con roca firme hasta áreas con suelos más compresibles, pueden producir respuestas diferentes ante un mismo evento.
El especialista señaló que los edificios diseñados conforme al Reglamento Estructural Panameño (REP) deben cumplir criterios de resistencia y desempeño sísmico. Según lo expuesto, las estructuras correctamente diseñadas buscan soportar las solicitaciones previstas y disipar energía de manera controlada para reducir el riesgo de colapso.
Ramírez también aclaró que las fisuras en acabados o paredes no necesariamente indican daños en los elementos estructurales principales. Sin embargo, la naturaleza y gravedad de cualquier grieta deben ser evaluadas por profesionales competentes antes de descartar riesgos.
Las réplicas no se pueden predecir con fecha y hora
El ingeniero Francisco Grajales explicó que las réplicas forman parte del proceso natural de reajuste de las fallas después de un terremoto. Por lo general, su frecuencia disminuye con el tiempo, aunque no es posible determinar con exactitud cuándo ocurrirá cada movimiento.
El especialista enfatizó que actualmente la ciencia no dispone de métodos capaces de predecir con precisión la fecha, la hora y el lugar de un terremoto.
Ante esta realidad, destacó que la preparación de la población, la aplicación de normas sismorresistentes y la evaluación preventiva de las construcciones constituyen herramientas esenciales para reducir los riesgos.
Por su parte, el ingeniero Axel Chang subrayó la importancia de la formación técnica y de la participación de profesionales especializados en las decisiones relacionadas con la seguridad de las infraestructuras.
Aunque durante la conferencia se destacó el comportamiento general satisfactorio de las estructuras evaluadas, Chang señaló que el sismo debe servir como una oportunidad para revisar y reforzar responsablemente las instalaciones esenciales, especialmente hospitales, escuelas y otras edificaciones comunitarias construidas antes de la entrada en vigor de normas más recientes.
La rectora Ángela Laguna Caicedo y los especialistas participantes coincidieron en la importancia de utilizar la evidencia científica para orientar a la población y fortalecer las políticas de prevención.

